martes, 6 de agosto de 2013

Capítulo 1 - Escritos nunca leídos

Buenas!! He cambiado el diseño del blog. Si alguién leyó mi otro fic de Judd, The appearances deceive se habrá dado cuenta de que es muy semejante, pero por ahora, es solo provisional hasta que sepa como tenerlo. No voy a andarme con muchos rodeos, sé, como lectora también, que muchas esperáis la aparición de algún McGuy lo antes posible, y como se que no todas disfrutarán tanto como otras leyendo momentos con Logan, os aviso de que ya al próxima capítulo, un McGuy aparece :)
Muchas gracias a las que leyeron el prólogo, sobretodo a Dapphy:) besos!





Subí los últimos escalones del rascacielos, y sofocando un suspiro agotador, terminé de subir al octavo piso. La editorial que me estaba evaluando rozaba casi las nubes, y las ventanas siempre estaban cubiertas del vaho y un frío anormal. Caminé con las piernas temblando a cada paso, y podía notar como el más mínimo ruido intentaba hacerme perder las casillas.
                El mostrador se extendía, con la recepcionista Claire sobre él. Cuando me acerqué, sus ojos me captaron y su cabeza apartó la mirada de una revista de moda para recibirme. Una sonrisa ya forzada y común me saludó.
                -Buenas tardes, Anne. ¿Lo de siempre?
                -No concretamente. Venía a preguntar si podían darme un par de día para terminar la copia.
                Un suspiro cansado y pesado se escapó de Claire. Era una mujer rolliza, de color y rondaría los cuarenta y poco años. Era generosa y afable, pero aún así, poseía un carácter fuerte.
                -El plazo se acaba en menos de una semana, y ya lo he retrasado bastante, querida.
                -Lo sé, pero he tenido algunas dificultades –Oprimí una mueca de incomodidad -. Aunque solo fuese un día.
                -Cariño, hay muchas más personas que presentan lo suyo. Tal vez deberías probar en otra editorial; aquí en Londres te pueden surgir muchas oportunidades.
                Suspiré, con el corazón comenzando a subirme por la garganta. Odiaba aquel tipo de palabras.
                -Está bien, no pasa nada. Veré si puedo hacer algo.
                Claire rodó los ojos. Volvió a suspirar, y cerró su revista de moda para observarme con criterio.
                -Dos días, ni una hora más –Sonreí todo cuanto pude -. ¡Y no me vengas con esa cara! No sé ni cómo me las ingeniaré para conseguirlo. ¡Pero quiero un buen trabajo, Anne!
                -Descuida –Dije aferrando mi bolso con firmeza -. ¡No desperdiciaré la oportunidad!
                Di media vuelta y volví a caminar hasta las escaleras. Podía notar como todo el peso acumulado en el pecho caía a mis pies, y la ligereza de mi cuerpo volvía a dejarme caminar con ligereza. Tenía que ponerme a escribir cuanto antes si no quería quedarme sin obra.
               

                Me obligaba a quedarme en casa dedicando todo mi tiempo para escribir. Parecía que las palabras no quisiera fluir, pero tenía que sacarlas a la fuerza si no quería fracasar en aquello también.
                Los días habían pasado volando, y apenas me quedaban tres días para terminar la obra. Era consciente que las posibilidades de que aquella novela pobre se publicase eran casi nulas, pero no tenía ni el suficiente tiempo ni inspiración para mejorarla. Las palabras eran forzadas y la trama simple, pero lo único con lo que contaba era en una descripción y progreso suave y fácil.
                Un par de golpes detuvieron a mis dedos, desquiciados de tanto escribir. Miré fijamente a la puerta, mientras la poca luz del salón no delataba mi presencia. Me callé y me quedé quieta; no quería visitas de nadie, o solo haría que retardarme.
                Pero los golpes no tardaron en volver a aparecer. Una pulsación animada comenzó a marcarse en la madera de la puerta, esperando que abriera, y lo único que pude hacer fue soltar un quejido en voz alta. No podía disimular que no estaba en casa ante aquella visita.
                Abrí la puerta de golpe para encontrarme unos ojos celestes y una media sonrisa apoyada sobre el marco de la puerta. A su espalda, la cabellera rubia que ya conocía desde hacía unos meses me saludó con refrescos en las manos.
                -¿Qué hacéis aquí? –Dije indignada.
                -Yo también me alegro de verte, Ann –Me saludó Paula. Me abrazó rápidamente mientras me depositaba un beso en la mejilla -. ¿Qué tal la novela? ¿Fluye?
                -No, no lo hace, y tengo un reloj que corre en mi contra –Sentencié sin cerrar la puerta, esperando que diesen media vuelta -. ¿Qué habéis traído?
                -Tú subsistir –Rió Logan dejando caer los dos cartones de pizza en la mesa -. Supongo que nos puedes dedicar una hora, para desconectar, ¿no?
                -No –Dije con una sonrisa mientras cerraba la puerta -. ¿Sabes la cantidad de calorías y grasas que traen las pizzas?
                -Lo quemas todo con los dedos de tanto escribir, no te preocupes.
                Carcajeé mientras encendía las demás luces para dar vida a mi casa. Paula no tardó en seguirme hasta la cocina en busca de vasos, y allí no tardó en acorralarme con sus nuevas noticias.
                -Tía, te juro que cada vez soporto menos este trabajo –Corroboró sin mirarme -. Siempre los mismos clientes, siempre la misma rutina. ¡Yo necesito algo nuevo!
                Paula era maquilladora, y en su tiempo libre, niñera. Tenía un año más que Logan y yo, los veinte, y dedicaba su mayor parte del tiempo a hablar. Tenía sus extrañas aficiones, sus comentarios incoherentes que lograban diferenciarla de los demás. Era una de las personas más bastas que conocía, pero aun así, cuidaba su aspecto ante todo, tan repelente como siempre.
                -¿Y por qué no le pides a Logan que te consiga algún trabajo más dentro del mundo del espectáculo? –Le animé. Sabía que ella aspiraba a aquello, pero nunca hacía nada para conseguirlo -. A él no le costaría ponerte dentro.
                -Porque no, tía. ¿Y si lo hago mal? Ahí no puedo cometer errores, y es demasiado –Comenzó a negar suavemente con la cabeza, rechazando siguiera la imagen -. No y no. Sería mi fracaso laboral para toda la vida.
                Carcajeé. Era la persona más obstinada que conocía y de poco servía insistirle. Cogimos lo que nos hizo falta, y no tardamos en reunirnos los tres en mi salón. Aquel martes, el frío parecía azotar más nuestras frágiles pieles.
                -Y bueno, ¿esta novela me dejarás leerla esta vez? –Me preguntó Logan intentando hacerse con el portátil. Le tiré el pan de la pizza a la cabeza, que rebotó sobre ella y terminó en su regazo.
                -Solo si se publica.
                -Venga ya, nunca me has dejado leer nada tuyo, Lise.
                -A ti ni a nadie –Me encogí de hombros -. Ya sabes que no me gusta que lean las cosas que escribo.
                -¿Por qué?
                Sonreí irónica ante aquella pregunta.

                -Porque no me considero lo bastante buena como para ser leída.

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