jueves, 8 de agosto de 2013

Capítulo 2 - El último cigarrillo

Chanchaaaannnn. Y aquí aparece por fin alguien :) No os acostumbréis, ni menosprecieis la forma en la que aparece él... tengo pensado varias ideas para animar al fic, así que, seguid leyendo, y subidme las visitas para saber quien lee.
Espero que os guste. Besoooooos.







               Podía notar el corazón palpitarme a tiempo que mi cuerpo se convulsionaba. Odiaba aquel ascensor de la editorial. Resoplé mientras me levantaba sobre los talones, estrujada por los hombres con corbata y las mujeres de vestido a mi lado. Odiaba sentirme apretada.
                Por fin dio el aviso de mi planta. Me deslicé entre los hombros y salí de allí. Claire ya estaba allí, hablando con una chica pelirroja que debía de ser la becaria. Me dejé caer sobre el mostrador y escondí mi cabeza entre mis brazos, incapaz de ver la repuesta de los resultados cuando me observara. Noté el suspiro delante de mí, y mi mandíbula comenzó a temblar.
                -Yo también te deseo buenas días, Anne.
                -Dime la respuesta. La tengo que oír, como sea. Dime que sí… -Pedí mientras levantaba mis ojos por encima, achinados por el miedo.
                Los labios de la mujer se tensaron y sus cejas se arquearon. No era buena señal… esperé el “¡Sorpresa! Ha ganado tu obra y va a ser publicada” pero aquel gesto comenzó a prolongarse más de lo que debía. Y seguía sin moverse.
                -Claire…
                -Puedes escribir cosas muy mejores que esa obra. He leído las redacciones que mandaste como prueba.
                -¿¡Pero y el resultado!? –Exclamé, agarrándome por los hombros.
                -Lo siento, Anne.
                Noté mi vista oscurecerse. No. Era mi última oportunidad para sobrevivir un puñetero mes más por mi cuenta, y allí estaba la respuesta. No había tenido suerte; dudaba siquiera de la más mínima. Dejé caer mi cabeza de nuevo sobre mis brazos y reprimí las lágrimas.
                Era una derrota fácil, habían muchas más oportunidades y mejoras, pero yo necesitaba aquella. Noté como mis esperanzas y autoestima se rompían en mil pedazos, cayendo en un profundo abismo, junto a mi economía. Solo había pedido aquella oportunidad.
                -¿Cuál es la obra ganadora?
                -En medio años volveremos a buscar otro libro, puedes presentarte con algo mejor.
                -La obra ganadora, Claire.
                De nuevo, aquellos suspiros suyos que querían reprimir la respuesta salieron. Me daba igual. Quería que me contestase.
                -Es de una chica inglesa, algo más mayor que tú.
                -¿De qué trata?
                -Temática de amor.
                -¿Y cómo se llama la obra?
                -“Billy and me”, de Giovanna Falcone.
                Memoricé el título. Asentí lentamente, cayendo en la idea de que mi oportunidad había pasado. Podía notar mi autoestima rozar mis tobillos, bajos, faltos de ánimo y esperanza. Suspiré y me esforcé por sonreír.
                -Ya me lo leeré –Me di media vuelta sonriendo a Claire una vez más -. Ya nos vemos, avísame cuando sepas de alguna oportunidad más.
                -Anne –Me llamó. Mis ojos la miraron de soslayo, esperando la respuesta - ¿Estás bien?
                -Claro –Carcajeé desde alguna parte de mi pecho, profunda y muerta. Apreté los labios conteniendo las ganas de llorar, y me dirigí al ascensor sin girarme.
               


                Las llamadas perdidas se acumulaban en mi móvil. El vibrar de éste taladraba mi cabeza, el cual no cesaba con impertinencia. Sabía de quién se podía tratar. Solo había una persona que se acordaba de mis tareas y eventos importantes. Solo había una persona que sabía que era capaz de fundirme el móvil hasta que supiera de mi estado. Y justamente, era la última persona con la que me apetecía desahogarme.
                Resoplé llena de nervios cuando sonó la decimo-séptima llamada. Contuve mis ganas de tirar el móvil por la ventana, e intenté centrar mi mirada en la aburrida película que emitían en alguna canal poco conocida. A pesar de ello, no lograba centrarme en ella, estando desorientada. Mi portátil descansaba alejado, sobre la mesa de la cocina bañado entre sombras de soledad.
                No quería escribir. ¿Para qué hacerlo? De poco sirve si es en vano mi esfuerzo, pensé. De nuevo, la novela ganadora resonó en mi mente y noté mi pecho arder. ¿Billy and me? No sabía de que trataba, pero no podía evitar mi hipocresía al juzgar aquella novela por el título. No. Me había quitado el puesto que yo había ansiado. Era egoísta, pero también inevitable.
                Me levanté del desgastado sofá de cuero y apagué el televisor, tirando con prepotencia el mando sobre el cojín. Necesitaba tomar el aire, aquella noche me ahogaba. Miré el reloj y un gemido se escapó de mi garganta. No eran ni las nueve de la noche. El móvil descansaba sobre la mesita de cristal, ahora tranquilo, pero no tardaría en llamar. Quería verle, necesitaba hablar con él. A pesar de que en aquel momento no quería ver a nadie, y menos a él por su constante cariño y conmiseración por mi mala suerte, necesitaba su apoyo. Me enfadé conmigo misma, cargando mis pulmones por mi debilidad y salí de casa dando un portazo.
                Probablemente me iba a arrepentir de no tener a alguien con quien hablar, pero sabía que era capaz de volver a ser ruda con Logan si lo tuviera delante. Era mejor esperarse al día siguiente para hablar más pacíficamente, y contarle que una vez más, habían rechazado mis escritos. La cólera me nubló más el sentido. Ya había perdido la cuenta de la de veces que había sido rechazada.
                La voz del taxista me alejó de mi burbuja de pensamientos. Una luz cegadora me fulminó, y “Westminster” sonó delante de mí. Pagué el viaje y salí de aquel vehículo para saludar el frío que parecía desgarrarme aún más aquella mohína noche. Por algún extraño motivo, mi cuerpo reaccionó bien a aquella temperatura. Necesitaba frialdad en aquel momento, un momento reflexivo y tranquilo para pensar.
                Sonreí por no haberme traído a Logan aquella noche. Sabía que la calidez que el lograba darme la hubiese recibido con un polo negativo en mi humor.
                Anduve hasta el quiosco más cercano que doblaba la calle. Estaba vacía la tienda, y a punto de cerrar, pero me apresuré para entrar. Sabía que tenía que recurrir a aquello por mi bien económico, y cuando me atendió la dependiente cargada de arrugas, noté como las palabras me sonreían en mi contra disfrutando de mi propia humillación.
                -Tabaco de liar, papel y boquillas, por favor.
                Quise vomitar aquellas palabras.
                Me lo guardé en el bolsillo de la chaqueta y caminé de nuevo hasta los bancos de enfrente del río Támesi. Me senté en él, ignorando a toda la gente, turistas y paseantes de alrededor, y saqué mi último cigarro del bolsillo. Me quedé mirándolo, apreciando aquel estampado canela de leopardo de la boquilla, y me despedí de aquel placer de fumar con más estilo.
                Me lo deposité en la boca con cuidado, buscando el mechero en alguna parte del pantalón, cuando me di cuenta de que se me había olvidado.
                -Disculpa, ¿tienes un cigarro? –Oí arriba mía.
                Levanté la mirada con sigilo para encontrarme con una figura conocidamente desconocida. Aquel hombre de gorro de lana, abrigo y bufanda que ocultaba con bastante cuidado su rostro estaba enfrente mía. Fruncí el ceño, ante el desconcierto de oír su voz. Era suave y tranquila, lo contrario a lo que había imaginado.
                -Es el último que me queda.
                -He visto que has entrado al quiosco de allí –Señaló, levantando la vista. Una carcajada impertinente se mofó de mí -. Y no creo que haya sido para comprar revistas.
                -¿Me has controlado? –Pregunté con descaro, agarrando el cigarro de mis labios.
                -Simplemente me he fijado en ti –En aquel momento, cambiando de ángulo, unos ojos azul verdosos sonrieron junto al destello que proyectaba la farola de encima nuestra -. Por favor.
                -¿No te importaría que fuese de liar? Es el último cigarro de paquete en mucho tiempo.
                En aquel momento, levantó su mano libre para apartarse la bufanda de la cara, mostrando su rostro. Un chico de cara ovalada, suaves cejas rubias que contrastaban con el mechón de pelo que le caía por el gorro y cierta barba de dos días me enseñó los dientes, dejando claro que le venía apurado aquello. Fruncí el ceño, fijándome con atención en cada detalle suyo mientras estiraba su otra mano, cerrada en puño a mí.

                -No me ayudaría mucho a liar bien –Su mano se abrió, desnuda del guante, para dejarme ver un cogollo de marihuana -. Pero si quieres te lo devuelvo. Sé que te pasas por aquí de vez en cuando, me he fijado –Me sonrió una vez más cuando captó mi mirada de nuevo hacía él, y una sonrisa de lado se presentó con cordialidad, pero la misma frivolidad -. Soy Dougie.

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