Chanchaaaannnn. Y aquí aparece por fin alguien :) No os acostumbréis, ni menosprecieis la forma en la que aparece él... tengo pensado varias ideas para animar al fic, así que, seguid leyendo, y subidme las visitas para saber quien lee.
Espero que os guste. Besoooooos.
Podía
notar el corazón palpitarme a tiempo que mi cuerpo se convulsionaba. Odiaba
aquel ascensor de la editorial. Resoplé mientras me levantaba sobre los
talones, estrujada por los hombres con corbata y las mujeres de vestido a mi
lado. Odiaba sentirme apretada.
Por
fin dio el aviso de mi planta. Me deslicé entre los hombros y salí de allí.
Claire ya estaba allí, hablando con una chica pelirroja que debía de ser la
becaria. Me dejé caer sobre el mostrador y escondí mi cabeza entre mis brazos,
incapaz de ver la repuesta de los resultados cuando me observara. Noté el
suspiro delante de mí, y mi mandíbula comenzó a temblar.
-Yo
también te deseo buenas días, Anne.
-Dime
la respuesta. La tengo que oír, como sea. Dime que sí… -Pedí mientras levantaba
mis ojos por encima, achinados por el miedo.
Los
labios de la mujer se tensaron y sus cejas se arquearon. No era buena señal…
esperé el “¡Sorpresa! Ha ganado tu obra y va a ser publicada” pero aquel gesto
comenzó a prolongarse más de lo que debía. Y seguía sin moverse.
-Claire…
-Puedes
escribir cosas muy mejores que esa obra. He leído las redacciones que mandaste
como prueba.
-¿¡Pero
y el resultado!? –Exclamé, agarrándome por los hombros.
-Lo
siento, Anne.
Noté
mi vista oscurecerse. No. Era mi última oportunidad para sobrevivir un puñetero
mes más por mi cuenta, y allí estaba la respuesta. No había tenido suerte;
dudaba siquiera de la más mínima. Dejé caer mi cabeza de nuevo sobre mis brazos
y reprimí las lágrimas.
Era
una derrota fácil, habían muchas más oportunidades y mejoras, pero yo
necesitaba aquella. Noté como mis esperanzas y autoestima se rompían en mil
pedazos, cayendo en un profundo abismo, junto a mi economía. Solo había pedido
aquella oportunidad.
-¿Cuál
es la obra ganadora?
-En
medio años volveremos a buscar otro libro, puedes presentarte con algo mejor.
-La
obra ganadora, Claire.
De
nuevo, aquellos suspiros suyos que querían reprimir la respuesta salieron. Me
daba igual. Quería que me contestase.
-Es
de una chica inglesa, algo más mayor que tú.
-¿De
qué trata?
-Temática
de amor.
-¿Y
cómo se llama la obra?
-“Billy and me”, de Giovanna Falcone.
Memoricé
el título. Asentí lentamente, cayendo en la idea de que mi oportunidad había
pasado. Podía notar mi autoestima rozar mis tobillos, bajos, faltos de ánimo y
esperanza. Suspiré y me esforcé por sonreír.
-Ya
me lo leeré –Me di media vuelta sonriendo a Claire una vez más -. Ya nos vemos,
avísame cuando sepas de alguna oportunidad más.
-Anne
–Me llamó. Mis ojos la miraron de soslayo, esperando la respuesta - ¿Estás
bien?
-Claro
–Carcajeé desde alguna parte de mi pecho, profunda y muerta. Apreté los labios
conteniendo las ganas de llorar, y me dirigí al ascensor sin girarme.
Las
llamadas perdidas se acumulaban en mi móvil. El vibrar de éste taladraba mi
cabeza, el cual no cesaba con impertinencia. Sabía de quién se podía tratar.
Solo había una persona que se acordaba de mis tareas y eventos importantes.
Solo había una persona que sabía que era capaz de fundirme el móvil hasta que
supiera de mi estado. Y justamente, era la última persona con la que me
apetecía desahogarme.
Resoplé
llena de nervios cuando sonó la decimo-séptima llamada. Contuve mis ganas de
tirar el móvil por la ventana, e intenté centrar mi mirada en la aburrida
película que emitían en alguna canal poco conocida. A pesar de ello, no lograba
centrarme en ella, estando desorientada. Mi portátil descansaba alejado, sobre
la mesa de la cocina bañado entre sombras de soledad.
No
quería escribir. ¿Para qué hacerlo? De
poco sirve si es en vano mi esfuerzo, pensé. De nuevo, la novela ganadora
resonó en mi mente y noté mi pecho arder.
¿Billy and me? No sabía de que trataba, pero no podía evitar mi hipocresía
al juzgar aquella novela por el título. No. Me había quitado el puesto que yo
había ansiado. Era egoísta, pero también inevitable.
Me
levanté del desgastado sofá de cuero y apagué el televisor, tirando con
prepotencia el mando sobre el cojín. Necesitaba tomar el aire, aquella noche me
ahogaba. Miré el reloj y un gemido se escapó de mi garganta. No eran ni las
nueve de la noche. El móvil descansaba sobre la mesita de cristal, ahora tranquilo,
pero no tardaría en llamar. Quería verle, necesitaba hablar con él. A pesar de
que en aquel momento no quería ver a nadie, y menos a él por su constante
cariño y conmiseración por mi mala suerte, necesitaba su apoyo. Me enfadé
conmigo misma, cargando mis pulmones por mi debilidad y salí de casa dando un
portazo.
Probablemente
me iba a arrepentir de no tener a alguien con quien hablar, pero sabía que era
capaz de volver a ser ruda con Logan si lo tuviera delante. Era mejor esperarse
al día siguiente para hablar más pacíficamente, y contarle que una vez más,
habían rechazado mis escritos. La cólera me nubló más el sentido. Ya había
perdido la cuenta de la de veces que había sido rechazada.
La
voz del taxista me alejó de mi burbuja de pensamientos. Una luz cegadora me
fulminó, y “Westminster” sonó delante
de mí. Pagué el viaje y salí de aquel vehículo para saludar el frío que parecía
desgarrarme aún más aquella mohína noche. Por algún extraño motivo, mi cuerpo
reaccionó bien a aquella temperatura. Necesitaba frialdad en aquel momento, un
momento reflexivo y tranquilo para pensar.
Sonreí
por no haberme traído a Logan aquella noche. Sabía que la calidez que el
lograba darme la hubiese recibido con un polo negativo en mi humor.
Anduve
hasta el quiosco más cercano que doblaba la calle. Estaba vacía la tienda, y a punto
de cerrar, pero me apresuré para entrar. Sabía que tenía que recurrir a aquello
por mi bien económico, y cuando me atendió la dependiente cargada de arrugas,
noté como las palabras me sonreían en mi contra disfrutando de mi propia
humillación.
-Tabaco
de liar, papel y boquillas, por favor.
Quise
vomitar aquellas palabras.
Me
lo guardé en el bolsillo de la chaqueta y caminé de nuevo hasta los bancos de
enfrente del río Támesi. Me senté en él, ignorando a toda la gente, turistas y
paseantes de alrededor, y saqué mi último cigarro del bolsillo. Me quedé
mirándolo, apreciando aquel estampado canela de leopardo de la boquilla, y me
despedí de aquel placer de fumar con más estilo.
Me
lo deposité en la boca con cuidado, buscando el mechero en alguna parte del
pantalón, cuando me di cuenta de que se me había olvidado.
-Disculpa,
¿tienes un cigarro? –Oí arriba mía.
Levanté
la mirada con sigilo para encontrarme con una figura conocidamente desconocida.
Aquel hombre de gorro de lana, abrigo y bufanda que ocultaba con bastante
cuidado su rostro estaba enfrente mía. Fruncí el ceño, ante el desconcierto de
oír su voz. Era suave y tranquila, lo contrario a lo que había imaginado.
-Es
el último que me queda.
-He
visto que has entrado al quiosco de allí –Señaló, levantando la vista. Una
carcajada impertinente se mofó de mí -. Y no creo que haya sido para comprar
revistas.
-¿Me
has controlado? –Pregunté con descaro, agarrando el cigarro de mis labios.
-Simplemente
me he fijado en ti –En aquel momento, cambiando de ángulo, unos ojos azul
verdosos sonrieron junto al destello que proyectaba la farola de encima nuestra
-. Por favor.
-¿No
te importaría que fuese de liar? Es el último cigarro de paquete en mucho
tiempo.
En
aquel momento, levantó su mano libre para apartarse la bufanda de la cara,
mostrando su rostro. Un chico de cara ovalada, suaves cejas rubias que
contrastaban con el mechón de pelo que le caía por el gorro y cierta barba de
dos días me enseñó los dientes, dejando claro que le venía apurado aquello.
Fruncí el ceño, fijándome con atención en cada detalle suyo mientras estiraba
su otra mano, cerrada en puño a mí.
-No
me ayudaría mucho a liar bien –Su mano se abrió, desnuda del guante, para
dejarme ver un cogollo de marihuana -. Pero si quieres te lo devuelvo. Sé que
te pasas por aquí de vez en cuando, me he fijado –Me sonrió una vez más cuando
captó mi mirada de nuevo hacía él, y una sonrisa de lado se presentó con
cordialidad, pero la misma frivolidad -. Soy Dougie.
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