domingo, 18 de agosto de 2013

Capítulo 4 - "Lo llevas en solitario"





                Me reproché a mi misma el por qué le estaba siguiendo, obligándome a contestarme.  Necesito fumar, y a alguien que me lie el tabaco. Que me lo lie, y me voy. Suspiré y me adentré en el callejón, con una tibia luz iluminando el estrecho camino y las casas rosadas a los lados. Era solitario y lóbrego, pero aún así, acogedor.
                -¿Te importa que me lie antes el porro? –Me preguntó, apoyándose en una de las paredes. Arqueé una ceja con despecho y el volvió a sonreír -. ¿Por qué me miras así?
                -No deberías fumar esa mierda.
                Se encogió de hombros y su aspecto se volvió sereno.
                -¿Vas a decirme lo que es bueno y malo para mí, un desconocido que no te deja fumarte el último cigarro?
                Carcajeé negando suavemente con la cabeza. Dougie había centrado su atención en empezar a liar, de modo que me tomé la libertad de analizarme con espero.
                -No.
                Me fijé en sus manos. Deshizo el cogollo con tanta facilidad junto al tabaco que mi atención se captó en verme maniobrar. Un silencio ahogado por el tráfico al final de la calle era el único que acompañaba a aquel momento.
                -¿Puedo hacerte una pregunta? –Cuestionó sin mirarme.
                -Hacerla, puedes.
                -¿Has probado alguna vez la marihuana?
                Sus ojos azules verdosos me miraron esperando la respuesta. Una sonrisa se escapó por la comisura de sus labios cuando fruncí el ceño. ¿Qué debía contestarle? ¿La verdad? Al fin y al cabo, era un desconocido del cual solo me hablaría aquella noche.
                -Sí.
                -¿Cuándo?
                Fruncí el ceño. Odiaba las preguntas, y más siendo aquellas. No sabía por qué le había contestado; quizá por ser un desconocido. Sabía que si se hubiese tratado de Paula o Logan, les hubiera mentido.
                -Hace tiempo.
                Una nueva sonrisa se profundizó y siguió liando. Aquellas sonrisas constantes de él me empezaban a sacar de mis casillas.
                -¿Quieres unas calas? –Me preguntó.
                -¿Qué? –Exclamé y su rostro se levantó, sorprendido -. Claro que no. ¿Me ves cara de drogadicta?
                -¿Me estás llamando drogadicto?          
                -Tal vez. Un poco –Desafié con impertinencia -. Me acabas de incitar a darle una puta calada a… eso. ¿Crees que te servirá de algo? ¿O a mí? Sería el camino directo hacía la mala vida.
                Dougie frunció el ceño y terminó de liar. Acarició el porro, bien prensado mientras se quedaba callado. Noté como mis propias palabras me golpeaban a la cara, sabiendo que le había molestado. Pero no iba a pedirle perdón; ni quería, ni podía a alguien tan desconocido.
                -Creo que lo mejor será que me vaya –Dije, suspirando incómoda -. Ya nos v…
                -¿Qué dices? –Dijo con una carcajada. Se ajustó el gorro, pero se despojó de la bufanda y se sentó  en un pequeño portal iluminado y solitario -. Ven, desconocida, te voy a enseñar a liar.
                -No voy a aprender.
                -Te aseguro que conmigo lo consigues –Me incitó mientras me sentaba a su lado -. Pero va a ser muy práctico. Si hace falta, te pago el paquete de tabaco.
                -No, no hace falta que… -Dije negando suavemente. Si debía fumar marihuana y a saber que cosas haría más aquel tipo, no quería saber el dinero que debía de deber o simplemente, gastar. – Yo iré a comprármelo.
                -¿Por qué no me dejas comprártelo? –Frunció el ceño. Sabía que sospechaba la verdad del por qué, pero una sonrisa apareció en la comisura -. Venga, di.
                -No hace falta que te lo gastes en alguien que no conoces, como yo –Suspiré, buscando las palabras -. Sabía tus necesidades o lo que sea.
                Carcajeó estruendosamente. Era una risa aguda pero profunda, pura, sin ser ronca ni nada. Una risa impropia para a alguien que se escondía de la gente para tomar drogas.
                -Te aseguro que tengo más pasta de la que crees –Me guiñó un ojo que centelló a la luz -. Y te compraré dos paquetes.
                Sonreí alegremente. Resultaba cómoda la presencia de aquel desconocido. Exceptuando el aroma de cannabis que lanzaba, un perfume dulce se escondía en aquel abrigo y suéter. Ni rastros de tufo de basura ni nada, parecía alguien muy normal. Demasiado para drogarse.
                -¿Tu familia sabes que fumas? –Me atreví a preguntar.
                Sus ojos se levantaron, vacilando hacía mí. Me inspeccionó, sereno, sin saber si decirme la verdad o qué. Finalmente carcajeó suavemente mientras una sonrisa de dientes me sonreía.
                -No. Alguna que otra vez me han pillado, pero creen que no –Volvió a fruncir el ceño y su rostro se gesticuló preocupado -. Ni mis amigos.
                -¿Entonces? ¿Llevas todo esto solo?
                -Así es.
                -¿Y por qué no se lo cuentas a alguien? ¿Alguien que sepas que te va a ayudar?
                -Porque es mejor que nadie se entere, si nos sería demasiado revuelco. No quiero ayuda… y supongo que debes de ser la única persona que lo sepa.
                -Pero yo no te conozco.
                -Entonces nadie que conozca lo sabe –Sonrió -. Me basta con que lo sepa una desconocida gritona y refunfuñona. Pareces justa. Creo que no harías nada para evitar que tomara.
                Suspiré. Podían llamarme egoísta y tal vez mala persona, pero estaríais en lo cierto. Era así, con todos, hasta conmigo. Era su vida y no me iba a meter, y menos, sin importare.
                -Entonces haces bien en contármelo. Tu tampoco… -Me mordí el labio y su ceño se frunció. Noté en aquella tibia luz las grietas de blanco y sus ojos parecieron brillar con más misterio. No me gustaba sincerarme con nadie tampoco, y no sabía si con él sí. Al fin y al cabo, serían oídos para desahogarme… -. Tú tampoco me pondrás pegas al fumar, como Logan. O me incitarás a leer algo de lo que escriba.
                Sonrió suavemente, de repente.
                -¿Escribes?
                -Sí. Es mi… vocación, supongo.
                -Entonces yo nunca querré leer lo que escribes –Prometió y volvió a sonreír -.¿Logan es el que suele venir contigo?
                -Así es.
                No dijo nada. Ninguna sonrisa apareció pero sus ojos se achinaron suavemente con dulzura y cogió el tabaco.

                -Mira, te voy a enseñar. Vas a aprender enseguida a liar –Dijo, y sin darme cuenta, me acerqué más a él. El olor a cannabis menguó, y el de su perfume me embriagó más.

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